
GLOBALIZACIÓN
IMPACTO EN COLOMBIA
Globalización es un proceso fundamentalmente económico que consiste en la creciente integración de las distintas economías nacionales en un único mercado capitalista mundial.
Las grandes transformaciones económicas de Colombia en el período de globalización
Las limitaciones del modelo de industrialización por sustitución de importaciones comenzó a sentirse en Colombia, como en el resto de América Latina, desde finales de los años 1960. Como respuesta se modificó el manejo de la tasa de cambio, introduciendo la devaluación progresiva, se incentivó la integración comercial con los países andinos y se viró de un crecimiento hacia adentro a un crecimiento hacia afuera, basado en la diversificación y expansión de las exportaciones. Posteriormente, desde mediados de los años 1970, empezaron a introducirse reformas profundas de liberalización y desregulación del manejo económico. Finalmente, desde comienzos de los 80, la descentralización hizo s
u aparición, tomando cada vez más fuerza desde aquel entonces. Así, apertura, liberalización y descentralización se convirtieron en los ejes de la profunda transformación socioeconómica experimentada por Colombia en los últimos 30 años. Aunque estas transformaciones no han transcurrido lineal ni armónicamente, si han marcado unos derroteros de cambio, descritos a continuación. Por tanto, así como la globalización a nivel planetario, la mundialización en el plano nacional se traduce en la aparición de reglas del juego radicalmente diferentes a las prevalecientes en el período anterior, introducidas en medio de contradicciones y ciclos de avance o retroceso. Se modificaron así los parámetros orientadores de las relaciones de la economía nacional con el resto del mundo (apertura), de manejo interno de la economía (liberalización-desregulación), y el sistema de responsabilidades y competencias entre los diferentes niveles territoriales del estado y del gobierno (descentralización).
En su componente de apertura, el peso del comercio exterior en el PIB se ha incrementado considerablemente, no solo por la expansión de las exportaciones, sino también por el crecimiento de las importaciones. La dependencia de un solo producto de exportación como el café dió lugar a la aparición de una muy variada canasta de bienes y servicios exportados entre los que se cuentan las manufacturas, los productos mineros (carbón, petróleo, ferroníquel y esmeraldas), bienes agroindustriales (flores, azucar y banano) y diversos productos ilícitos como la marihuana, la cocaína y la heroína. Los mercados de orígen y destino también se diversificaron, especialmente por la creciente importancia del mercado andino, con énfasis particular en Venezuela y Ecuador.
En su componente de liberalización, el comercio exterior es hoy mucho más abierto y menos regulado y el manejo económico se hace sin acudir al complicado sistema de incentivos y castigos sectoriales del pasado. El manejo de la economía intenta no acudir a la promoción de sectores específicos y ofrecer condiciones generales de estabilidad cambiaria, financiera y monetaria para que las actividades más competitivas se destaquen sin necesidad de ayuda pública. Se intenta, sin embargo, sostener una política social activa, fundamentada en la focalización a grupos más vulnerables y el otorgamiento de subsidios a la demanda.
La descentralización significó una mayor autonomía política de municipios y gobernaciones quienes eligen hoy directamente y por voto popular a sus gobernantes. Adicionalmente, para el caso de los municipios, el gasto y la inversión social, ahora ejecutada principalmente por ellos, se financia a través de un fondo de transferencias asignado con criterios sociales redistributivos, usando fórmulas fijas.
En medio de estas transformaciones generales, la economía colombiana ha logrado sostener un ritmo anual de crecimiento cercano al 4%, modesto en el concierto mundial pero muy aceptable en comparación con el resto de América Latina. El ingreso percápita no se estancó como en otros países del área y consiguió un promedio anual del 2%. En contra de lo sucedido en la mayor parte de los países vecinos, el peso económico del estado creció considerablemente al pasar de un 10% a cerca de un 30% del PIB. No obstante, Colombia es prácticamente el único país del área que se debate en medio de una honda crisis política, marcada por la dispersión y la radicalización de las fuerzas enfrentadas, y expresada en la poco honrosa marca de 30 mil muertes violentas por año.
Globalización y territorio en Colombia
La relación entre las economías mundial y local no es directa ni inmediata sino mediada por el tipo de articulación nacional a la economía mundial. El contexto continental y nacional juegan un papel definitivo en la explicación de las formas de articulación local-mundial y, por tanto, en las repercusiones de la economía mundial sobre el medio local. A su vez, la diversidad local depende de numerosos factores, entre los cuales cabe mencionar: el tamaño de la localidad, medido en términos tanto demográficos como económicos, de capacidad productiva y de demanda solvente; la ubicación de la localidad en la red urbana nacional y los roles específicos desempeñados en el ámbito interno; la particular forma de inserción a la economía mundial, definida por la peculiar combinación de las modalidades de articulación comercial y financiera; los retos de crecimiento, reconversión productiva y orientación de los mercados enfrentados a la capacidad de enfrentarlos con las propias capacidades.
Los diferentes tipos de localidad en Colombia han experimentado la globalización de muy diferente manera. Entre estos, vale la pena distinguir al menos cuatro conjuntos: a) localidades centrales; b) localidades peri centrales; c) localidades periféricas dinámicas y; d) localidades periféricas deprimidas.
a. Localidades centrales
En el caso colombiano hay tres, Bogotá, Medellín y Cali. Se caracterizan por ser áreas metropolitanas de gran tamaño, entre dos y seis millones de habitantes, con una estructura económica muy diversificada, dominada por la presencia de actividades terciarias y secundarias. Su extensión ha sobrepasado los límites jurídicos de las ciudades de orígen y a su alrededor giran regiones rurales heterogéneas con varios componentes: uno dominado por actividades agroindustriales, otro preponderantemente campesino abastecedor de bienes alimentarios perecederos de bajo precio y un tercero de frontera económica, determinado por la presencia de áreas de colonización agraria, de extracción de minerales preciosos (oro y esmeraldas principalmente) o de cultivos ilegales (coca o amapola).
Estas localidades extienden su dominio a lo largo y ancho de la casi totalidad del territorio nacional, repartiéndose y compitiendo por sus respectivas áreas de influencia. Aunque este tipo de localidades se caracterizó por mantener un relativo equilibrio interno, desde hace más de veinte años ha venido experimentando un distanciamiento creciente entre la primera ciudad, Bogotá, y las dos restantes. Las formas de articulación local-mundial explican en parte este comportamiento: en lo comercial, las manufacturas de exportación se han comportado mejor en Bogotá; en lo financiero, una parte importante de las inversiones extranjeras en industria y sector financiero se destinan a Bogotá porque desde esta ciudad se facilita el acceso al mercado nacional entero. Contrario a lo que podría pensarse inicialmente, estas ciudades no son las principales receptoras de inversión externa orientada a la privatización de empresas públicas.
La motivación del capital externo para ubicarse en estas ciudades es muy particular, lo mismo que sus consecuencias sobre el medio local. En lo relacionado con la motivación, para el capital foráneo la ubicación en estas ciudades es de particular importancia porque les permite el acceso a la totalidad del mercado interno y les facilita la integración con los socios comerciales andinos de Colombia, es decir Venezuela y Ecuador. En cuanto al impacto sobre el medio local parecería en general bastante positivo pues establecen un alto nivel de competencia con las empresas domésticas obligándolas a innovar y adaptarse, y diversifican la oferta de bienes y servicios. En algunos casos las localidades mismas tienen mecanismos de defensa suficientemente desarrollados para impedir la ingerencia del capital externo en casos donde su entrada no sea del todo conveniente, como ha sucedido con la prestación de algunos servicios públicos domiciliarios.
b. Localidades peri centrales
Aunque su número es limitado, se trata de un componente bastante más grueso por la cantidad de ciudades (unas diez o quince) que lo integran. Se trata por lo general de ciudades de más de cien mil habitantes y de menos de un millón, con relaciones privilegiadas con alguna de las tres ciudades centrales. También cuentan con una estructura económica relativamente diversificada, aunque en un nivel muy inferior al de las ciudades centrales, con una importante presencia de actividades industriales y una más débil de actividades terciarias, especialmente bancario-financieras y de educación superior y cultura. Por debajo de este rango de localidades la presencia de las actividades industriales prácticamente desaparece.
El área de influencia de estas localidades es mucho más limitada que la de las centrales y generalmente se especializa en la producción de un rango dinámico pero relativamente restringido de bienes destinados tanto al mercado doméstico como a la exportación. La presencia de inversión extranjera es más esporádica, en algunos casos del tipo maquila. Se trata de localidades con una cierta tradición y cultura, con capacidad de adaptación a los cambios del entorno, especialmente mundial, desde donde se han venido emprendiendo importantes esfuerzos de reconversión productiva y de reorientación del mercado con el sentido de diversificar la estructura económica, las salidas y disminuír la vulnerabilidad local. Los casos más destacados de este tipo de localidades son: Barranquilla y Cartagena en la región caribe; Manizales, Pereira y Armenia en la zona cafetera u occidente andino; Ibagué y Bucaramanga en el oriente andino; y Villavicencio en el piedemonte llanero.
La forma de inserción local-mundial preponderante parece ser la comercial, con un alto nivel de especialización en los productos de exportación. La articulación financiera es débil, no solo en la esfera del endeudamiento externo sino también en la de la inversión extranjera. Se trata así de medios locales con grandes capacidades e iniciativa propias pero altamente vulnerables a los vaivenes de los productos de exportación en los que se especializan. A pesar de esta vulnerabilidad han logrado sostener su participación en la actividad económica nacional, no sin bastantes dificultades como se ha mencionado.
c. Localidades periféricas dinámicas
En estos casos, generalmente el uso del término de localidad es poco recomendable y se sugiere mejor el de localización. Se trata de espacios económicos muy precisos, con una intensa articulación comercial y financiera a la economía mundial, explicada por la existencia de recursos naturales de alto valor económico. Los ritmos de crecimiento económico y demográfico sobrepasan de léjos los promedios nacionales, pero son muy inestables debido a la alta vulnerabilidad de su economía a los cambios en los precios mundiales, en las existencias de los recursos y en las condiciones de la competencia. Dependen de exportaciones lícitas e ilícitas de gran dinamismo como el petróleo, carbón, ferroníquel, esmeraldas, oro, banano, coca y amapola.
Las actividades de exportación se encuentran muy débilmente articuladas a la estructura productiva local y regional, dependiendo principalmente del exterior o de los centros urbanos nacionales más grandes. La presencia de estas actividades económicas distorsiona completamente el comportamiento de los precios y de las productividades regionales, tendiendo a generar aún más especialización y desestimular cualquier actividad diferente a la de exportación. Aunque las localidades exporatdoras de minerales reciben parte de los excedentes bajo la forma de regalías, el uso de estas últimas no es generalmente el más adecuado, tendiendo a estimular la corrupción y el despilfarro públicos.
La capacidad de respuesta de las economías y sociedades locales a los cambios abruptos impuestos por estas actividades de exportación es muy baja. Su posibilidad de manejo de los efectos perversos de especialización extrema es igualmente débil. Prácticamente su único márgen de maniobra proviene de su acceso a regalías cuyo adecuado uso depende de la solidez del sistema político y de la capacidad de control de la sociedad local. El efecto más duradero de estas bonanzas pasajeras se siente a través de la infraestructura de integración al mercado doméstico o internacional y al peso que llega a tener el volúmen de población, con su inherente capacidad, potencial obviamente, de generar una dinámica local relativamente propia. La suerte de estos espacios es generalmente muy incierta y gira en torno de experiencias muy exitosas o abiertamente desastrosas.
d. Localidades periféricas deprimidas
En este grupo se ubica el resto de localidades, generalmente de un tamaño demográfico inferior a los 10 mil habitantes pero muy heterogéneo desde el punto de vista de las actividades económicas y las características sociales. Sin embargo la economía rural predomina y su vocación es principalmente hacia el mercado interior. Su depresión compina lo demográfico y lo económico pues además de caracterizarse por ser expulsoras netas de población, dependen de actividades poco prometedoras como son la producción agropecuaria de bienes de consumo básico.
La conjugación de estos procesos se expresa en tendencias económicas regionales muy nítidas. La tabla 6 muestra el espectacular crecimiento de la participación bogotana en la economía nacional, del 20 al 25% entre 1990 y 1995, al mismo tiempo que el resto de los departamentos retroceden en esta participación con muy contadas excepciones. Así, no sólo la brecha campo-ciudad se amplió como resultado de la globalización de los 90s, sino también se incrementó el desequilibrio entre Bogotá y las tres ciudades mayores. Como se aprecia en la tabla mencionada, mientras Bogotá aumentó en cinco puntos su participación en el PIB nacional, Antioquia (capital Medellin) y Atlántico (capital Barranquilla), retrocedieron. La única excepción fue el Valle del Cauca (capital Cali) que también aumentó su participación. Así, las brechas territoriales se ampliaron y Bogotá, nuestro caso de estudio, fue la principal ciudad beneficiaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario